TEXTOS Y CRÍTICA

EL ALMA EN LA MIRADA


“…A tí, profundo espejo que atesora
todo el sinfín de la naturaleza;
si sol cerrado, noche de grandeza;
si abierta luna, hora de sol sin hora.

A ti, siempre vivaz, aunque dormida,
torre del homenaje de la vida,
ajimez a la mar de la ventura.
¿Qué sería sin ti de los colores,
niña de luz, pintor de los pintores?
A ti, fuente inmortal de la Pintura…”


Rafael Alberti. “A la retina”.
(De “A la Pintura.” 1945-1967)


Y es sin duda la mirada del pintor la que emerge a través de todos y cada uno de los personajes, paisajes y objetos representados en sus cuadros, óleos sobre lienzo de diversos formatos que constituyen las series temáticas integrantes de esta destacada exposición, en la que Enrique Sánchez Collado nos muestra no sólo su buen hacer técnico-plástico, su dominio exquisito de los materiales y las técnicas, sino también algo que es preceptivo para un auténtico artista, y que es la visión creadora, esa que es única e intransferible, esa que surge de la emoción estética inigualable que constituye el verdadero hecho artístico, que es ese inigualable proceso que lleva al autor a “ver” con otros ojos distintos a la mirada habitual, esa magia creadora que le lleva a penetrar en los arcanos de la verdadera realidad, no de la meramente visible, esa virtud casi iniciática que le hace descubrir aquéllas cualidades de la materia invisibles para otros, esa percepción que le hace desvelar lo sagrado de la Naturaleza, de la cotidianeidad. Todo ello es, y en esta ocasión se hace evidente, la primordial característica de la artisticidad en su más alto grado.

Y esa profunda mirada de Sánchez Collado, esa su exquisita percepción, nos descubre un universo de paz, una infinita y silente serenidad en todo lo creado. El entorno natural de su lugar natal, la límpida luz de la campiña cordobesa se constituye en clara referencia a la poética del paisaje contemporáneo, cuyos orígenes son sin duda los de la “Naturphilosophie” romántica y su identificación del sentimiento humano con el “pathos” paisajístico. Por otra parte, los entrañables objetos que rodean el entorno diario del pintor devienen en estos cuadros en auténticos “objets trouvés” virtuales, en mudos testigos del discurrir de un tiempo en el que se suman pasado, presente y futuro. Y además, en sus retratos, los personajes emergen, majestuosos y sencillos a la vez, poblando el ámbito de la muestra de intensas y elocuentes miradas, miradas que resultan ser iconos de una modernidad cuya principal característica es la de ser reflejo inequívoco de algo eterno, imperecedero. Los retratos de Enrique se convierten en auténticos “tótems”, son símbolos de la esencia palpitante de lo humano, que permanece, a pesar de todo, a través de los siglos.

Miradas que nos hablan desde el silencio, retinas plenas de vida y de misterio, latidos y susurros casi perceptibles, quietud que envuelve en una atmósfera intemporal estos cuadros que son fruto a la vez de la percepción sensible, de la reflexión técnica y de la pasión creadora, esa que el artista contiene sabiamente mediante el proceso constructor de sus obras, en las que se desarrolla un procedimiento impecable, que surge de su profunda formación pictórica, de su dominio absoluto del dibujo y de la composición, del total conocimiento del color y de sus múltiples posibilidades expresivas. La pincelada serena y a la vez libre y jugosa, la exquisita factura de las obras, el depurado estudio de la luz, que sumerge estos cuadros en una atmósfera de ensoñación, donde lo tangible y lo intangible se conjugan a la perfección, producen un resultado de gran belleza y de intensa expresividad, desarrollándose sin duda, a lo largo del extenso itinerario por las obras expuestas, un magnífico discurso, una lección verdaderamente magistral que sin duda cumple el principal objetivo de la creación artística, que es el de la comunicación, pues estas obras nos comunican con su mirada un emotivo sentimiento, llegando sin duda a tocarnos el corazón, desde su propio latido hecho de luz, forma y color.

Eva V. Galán
Crítica de Arte del Diario “Ideal” de Granada
Profesora de la Universidad de Córdoba


____________________



EN TORNO A LA PINTURA DE SÁNCHEZ COLLADO

Las civilizaciones se revelan más o menos abiertamente a través de sus realizaciones artísticas, que no solamente aspiran a un ideal supremo, sino que también proporcionan al completo las formas de vida, de ser y de sentir. El arte siempre se refiere a los productos del hombre; se trata de objetos que adquieren una existencia autónoma y permanecen ligados al estricto mundo de las ideas. En el multiforme y siempre profundo arte de Enrique Sánchez Collado, ocupan los retratos y bodegones un lugar preeminente y merece la pena destacar el esfuerzo del artista por captar el alma de sus modelos en los primeros -donde todo se utiliza como mero elemento al servicio de la figura humana- y la esencia de las cosas en los segundos.Con cariño se detiene en detalles, en contrastes lineales, en minucias que demuestran su aptitud portentosa para retener la cosa en sí, a la que él concede el color, a veces caprichoso, pero gozándose en aplicarlo libremente. Posee este joven pintor villarrense una gran inquietud por captar el mundo de las cosas, aún de las más pequeñas. Dominado por un discreto y creativo realismo, permite a veces que las gotas de su fantasía se escancien sobre el lienzo, reproduciendo incluso sus propios lápices, pinceles y pinturas con nimiedad de detalles y esforzándose por retener los colores captados por su retina.Que en pintura existe un determinismo regional, es algo que está fuera de toda duda. Por poner un ejemplo, Cézanne, a pesar de su racionalismo, no pudo escapar a su condición de hombre nacido en Aix-en-Provence, y sobre la raíz geométrica de sus cuadros, siempre flotó el cielo de su tierra natal. Enrique Sánchez, cuando pinta se siente un fiel ejemplo de la tierra que le vio nacer. Seguramente su pintura estará siempre determinada por el medio en que ha nacido, y esa es una herencia que ha recibido de tantos y tan geniales como Córdoba ha tenido. Con cariño se detienen en las figuras femeninas, estilizadas, unas de largos cabellos negros, otras recogidos en discretos tocados, apenas insinuados en la pintura, de mirada penetrante e inquisidora unas veces, otras -como en su maternidad- de mirada tierna, distante, perdida.Por otra parte, en los bodegones ha sabido captar, de muy resuelta manera, la atmósfera y el espacio que envuelve los diversos frutos que figuran en las composiciones. En la misma línea, el rigor de su dibujo cede antes los contornos cromáticos de la geometría elemental con que aparecen definidos los elementos constitutivos de la obra. En este sentido, su pintura se sitúa en la órbita de los pintores venecianos del siglo XVI, que supieron anteponer los valores cromáticos en detrimento de la austeridad lineal de sus contemporáneos florentinos.Enrique Sánchez no quiere pintar los hombres y las cosas desde la exactitud de una realidad externa, sus obras no son un espejo congelador de gestos y apariencias; lo que el artista persigue es la interpretación sensible, profunda y entrañable de ese aspecto exterior. A sus buenas maneras como dibujante hay que añadir su gran conocimiento del color y lo lanza sobre el lienzo como una lluvia fina que palpita de gotas de color. Y curiosamente, la frescura, la inocencia, la búsqueda de los sencillo y de lo puro aparece también trazada en sus lienzos. El pintor comenzó por el alma de las cosas, y este alma está en sus óleos, enseñándonos lo efímero de la floración del arte. Pero el pintor aspira a la vida. Si la nostalgia nos mata, la contemplación de la belleza humana nos reconforta. Al lado de este desnudo de las cosas, las figuras femeninas conservan algo de paraíso, que tienden a expresar el latido vital de esas figuras, sedentes, figuras que revelan una esencial cualidad, descuidada hoy muchas veces: el oficio, que no se aprende sino después de esfuerzos y auto análisis.Demuestra en su obra una notable madurez, habiendo asimilado los recursos compositivos y cromáticos del gran maestro villarrense Pedro Bueno. Es precisamente en aquellas obras que se alejan manifiestamente de la manera del pintor de la Escuela de Madrid, donde Enrique Sánchez comienza a reflejar un estilo privativo o particular, que es, al cabo, el fin al que debe tener todo artista que busca su propio camino. Ante la contemplación de las obras de este joven pintor, se percibe un trabajo silencioso, de búsqueda y de afirmación de una manera propia y personal de sentir la pintura; no nos cabe duda de que en el futuro, dada su animosidad y buenas maneras, desde su importante compromiso respecto al arte, eclosionarán al completo las potencialidades de las que está dotado este artista.


Bartolomé Delgado Cerrillo
Licenciado en Filología Hispánica

____________________



ODA A UN JOVEN PINTOR
(Soneto con estrambote)

No soy pintor pero me gusta el arte,
me gusta el aire, estremecido y quieto
de tu pintura. Enrique, este soneto
es para tí, con él quiero cantarte.

Quiero expresar mi fe, quiero admirarte.
Pedro Bueno te regaló el secreto
de su maestría y tú añadiste el resto
de tu imaginación. Para animarte,

diré que son tus grises generosos,
que tus rojos bellos, formidables,
que son tus bodegones asombrosos,

que son tus óleos dignos y admirables.
siembra siempre tu pueblo de copiosos
y cálidos colores entrañables.

Que ya Villa del Río,
por la verde quietud de su llanura
y las frescas riberas de su río,
tiende un arco triunfal a tu pintura.

José Ortega Torres


____________________



SÁNCHEZ COLLADO

La pintura ha centrado siempre la emoción de la condición humana. Esta manifestación artística nace hoy de un profundo deseo interior de derroche anímico, como una necesidad vital y sentimental de expresión. Poesía y pintura son compañeras de viaje. Enrique Sánchez Collado no necesita métrica para explicar la indisoluble unión de estas facetas intelectuales, plasma delicados versos sobre el lienzo y ofrece así la verdad de este maridaje artístico que persiste en el tiempo.

Licenciado en Bellas Artes por la Escuela de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y tras numerosas exposiciones, salta ahora al vacío expectante de la crítica capitalina. Afirmaba Renoir que en la pintura no hay un solo procedimiento, por pequeño que sea, que se avenga a ser expresado en una formula. Salvemos la comparativa con el maestro impresionista, pero no olvidemos su proclama. Aún así, Sánchez Collado conoce a la perfección el fundamento básico de ese arte y lo aplica libre de normas académicas.

En su pintura hay una explosión de luz contenida, sus azules, más bien grises, derraman sensibilidad y gusto por la estética. Y luego el rojo, que estalla en el lienzo como una explosión de gozo. Rota la armonía, el rojo irrumpe en la realidad pictórica con fuerza inusitada.

Es imposible determinar una predilección En Sánchez Collado porque como joven artista está expuesto a todo lo que le rodea. Cada obra es una delicada aventura que resuelve de manera extraordinaria.

No entrañaría que algún crítico al uso sorprendiera pronto desvelando la proyección de este joven, al que situara a cierta distancia, la que sea, de su madurez creativa. Mas adivino en Sánchez Collado que deberá cambiar radicalmente de estilo para hacer valer el criterio del columnista de turno. Su fruto actual está maduro y consagrado, medido con la inusual cadencia de un espíritu inquieto y jovial que plasma sobre el lienzo el color justo, la figura laxa, el paisaje y el retrato con una soltura impropia de una trayectoria fresca y vitalísima.

Este artista villarrense no innova porque ha digerido bien la herencia plástica de su paisano, el maestro Pedro Bueno, y la recrea sn complejos. Y libre de cualquier atadura se lanza a una bella conjunción del color y la sensibilidad de trazo aparentemente inacabado, que hacen de la suya una obra tan bella como sugestiva. Estamos, pues, ante un joven pintor de talento, su paleta desvela una pintura muy trabajada de la que siempre trasluce un deseo de ensoñación.

Jacinto Mañas Rodríguez
Periodista y Subdirector del Diario Córdoba


____________________



A ENRIQUE...


¡Cuántas veces, querido Enrique, en nuestras conversaciones sobre arte, me he ofrecido a hacer una pequeña reseña de tu pintura! ¡Cuántas! ! y ahora, que llega el momento de hacerlo, ahora que me propones que escriba sobre tu nueva exposición, ahora que puedo valorar tu obra , siento miedo! Miedo de no saber expresar lo que pasa en mi interior cuando veo tus cuadros. Miedo, de no estar a la altura de las circunstancias. Miedo de no ser una buena profesional y no saber separar nuestra amistad de tu trabajo como artista-pintor ¿podré escribir objetivamente? Voy a intentarlo, aunque sigo sintiendo miedo.

“Si alguien quiere saber algo de mí puede contemplar atentamente mi pintura y tratar de descubrir a través de ella lo que soy y lo que quiero” De este párrafo de G. Klimt me he acordado cuando he visto tu obra más reciente. En ella aparecen bodegones, paisajes, retratos, todos sencillos y a la vez profundos, con temas que te rodean a diario y que los que te conocemos, sabemos que son imprescindibles en tu vida. Tú elevas estos temas a la categoría de arte, por muy simples que aparezcan ante nuestros ojos. Los tamaños que predominan en esta nueva exposición, son casi todos ellos, de pequeño formato, lo que le da a tu nueva obra además un carácter muy intimista.

Parafraseando a Picasso (también me lo has recordado cuando he visto tus obras) en uno de sus escritos dice : “el que se guarda un elogio, se queda con algo ajeno”; pues esta frase junto con el refrán español, “la belleza esta en los ojos de quien mira” me sirven para terminar este pequeño escrito diciéndote : tus cuadros son “bellos” los miren los ojos que los miren. Enhorabuena.

María Luisa Torres Díaz
Licenciada en Bellas Artes y Profesora de la Universidad de Córdoba.


____________________

VISITAS

Seguidores